Análisis de las ordenanzas. Usos y costumbres.
Usos y costumbres.
Pero resulta muy interesante ver cómo, al redactar las ordenanzas, algunas
se van justificando por el comportamiento de los jerteños que no es el más
adecuado. Además, nos indican situaciones corrientes en la vida cotidiana de
esa época. Otras son aclaraciones del porqué se mandan esas normas.
Me he permitido entresacar varias situaciones para poderlas consultar
directamente y tener una visión un poco particular de aquellos vecinos.
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“… estando en el cementerio de la Iglesia de Xerete bajo el
soportal de dicha Iglesia reunidos en concejo a son de campana tañida…”
Esta manera de reunirse en concejo abierto para tomar decisiones importantes que afectaban a todos los vecinos o para delegar en un representante para acudir a instancias superiores es común a todos los lugares y poblaciones pequeñas en esa época. Tenemos documentado en fechas cercanas los concejos abiertos en los diferentes pueblos del valle para que les representen ante la Audiencia de Valladolid contra la ciudad de Plasencia, o de los representantes que llevará Vadillo y Jerte en el deslinde del coto Ermitaño, por ejemplo.
Muchas de las observaciones que se hacen nos dejan entrever cierta
picaresca y costumbre de intentar saltarse las normas. A veces forzando
situaciones y que podrían ser más habituales de lo normal.
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(2) “…porque hay panaderos que no tiene pan y no lo quieren dar y cuando
va el alguacil a prenderlos administran pan…”
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(13) “…la causa porque se quita y que no venda compañón (testículos)
es porque acontece que va un pobre por un maravedí o dos de carne y le echan el
compañón y va agraviado (ofendido)”.
Para ponerlo en las ordenanzas es porque habría ocurrido en más de una
ocasión. Era una verdadera falta de respeto y consideración, sobre todo
teniendo en cuenta que la mayoría de la población, aún la mejor acomodada,
podría verse en situaciones precarias en épocas de carestía o a causa de un
fuerte revés de fortuna: muerte, enfermedades prolongadas y costosas.
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(18) “… ha acontecido muchas veces que algunos carniceros, por
vender las tripas, no quieren matar ni dar carne…”
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(20) “… algunos carniceros compran ganado derriscado (…) y lo crían
en los cotos de este lugar y después lo venden a otros carniceros de otros
lugares…”
·
(47) “… hay algunas personas que en el echar de los puercos al
Ejido hacen algunos fraudes y engaños…”
Estos fraudes y engaños tienen especial repercusión cuando lo realizan las
personas que deben velar por el cumplimiento de las normas: oficiales y fieles.
Se les dedica capítulos muy concretos para el buen cumplimiento de sus cargos:
·
(60) Sobre sacar castañas de los castañares “…ni los fieles puedan
tampoco como los otros vecinos asar ni cocer castañas ningunas porque acerca de
esto hay fraude entre los dichos fieles…”
·
(100) “… hay fieles que no quieren usar bien sus oficios…”
·
(124) “…acontece muchas veces que algunos oficiales del Concejo son tan
negligentes y descuidados en sus oficios que dejan pasar algunas cosas que son
contrarias de las ordenanzas y después algunas personas se llaman a uso y
costumbre…”
Pero muchas se refieren a usos concretos que pueden ocasionar un daño, bien
a particulares, bien al interés común. De ellos, tanto por la cuantía, como por
el número de capítulos o lo minucioso de éstos, es el cuidado de los
castañares.
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(55) “… y la causa porque se manda poner los dichos diez días a los
fieles antes es porque se remolonean y varean y despiñan los dichos castañares
antes que se acoten…”
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(58) “… que ningún vecino ni forastero no pueda dormir en los
castañares de noche (…) porque de noche se cogen las castañas y hacen fuegos y
se queman los castañares…”
·
(61) “… porque algunos muchachos van a coger castañas a los
castañares acotados y los padres (…) se ponen a pleito con el concejo, diciendo
que no son de edad y que no deben pena…”
O de los daños que pueden ocasionar los ganados en las fincas privadas:
árboles, panes (cereales), y viñas.
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(84) “… el que hallare cualquier perro en su viña o parral o pasera
de higos que le pueda matar sin pena alguna porque hay algunas personas que de
día tienen atado los perros y de noche los sueltan…”
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(126) “… y los cazadores por sacar los conejos derriban y deshacen
dichas paredes …” (…) “… porque después que las yemas de las parras crecen las
derriban los perros y así mismo después que maduran las uvas las comen los
perros andando de caza…”
Las malas prácticas siempre han pesado sobre las fincas próximas a los
cotos, causando daños frecuentes. Sirva como recordatorio la costumbre, no tan
extraña, de injertar los cerezos a más de metro y medio de altura en los
terrenos cercanos a los cotos o ejidos para evitar que los animales royeran los
brotes nuevos injertos, hasta fechas relativamente recientes. Por eso no es de
extrañar que muchos de los capítulos añadidos tengan como elemento común la
preocupación de salvaguardar las propiedades cercanas a los cotos:
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(añadidos 6) “… algunos vecinos de los señores de las vacas tienen
costumbre (…) traer sus vacas cerca de los cotos y heredades (…) los dejan
desmandar (…) y (…) van de una heredad a otra y hacen mucho daño…”
·
(añadido 7) “…algunos vecinos tienen por costumbre atar los becerros en
el coto entre las heredades para que la acá o vacas acudan allí…”
·
(136) “…algunas personas son rebeldes y no quieren sacar los ganados de
los cotos…”
O de los daños que ocasionan los ganados en fincas privadas:
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(añadidos 15) “… Hay algunos vecinos que tienen por costumbre en
echar sus bestias (…) a pastar en las heredades ajenas (…) contra la voluntad
ni mandado de sus dueños de las tales heredades…”
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(añadidos 9) “… hay algunos vecinos que tienen por costumbre (de
san Juan a san Miguel) de no encerrar sus puercos y los dejan andar por
donde quieren…”
Lógicamente hay referencias a las costumbres de la Tierra de Plasencia y a
sus ordenanzas que se deben cumplir. Varias de ellas se nombran en los
castañares, cotos y sitios vedados.
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(49 y 50) “…los castañares son acotados según costumbre de la Tierra de
Plasencia (…) desde el día de san Mateo hasta el día de san Martín…”
·
(75) “…los cotos de este lugar que se guarden por donde antiguamente
suelen ser…”
Medianamente queda regulado el riego y el agua. Tanto de los caños de
riego, control de aguas para que no hagan daño y se aprovechen al pasar por el
medio del pueblo… Nos queda la tentación de preguntarnos de dónde procede esta
tradición secular de riego. ¿De los árabes? Cabría la posibilidad de un
sustrato de ese origen que se solapara con la repoblación, bien que se quedara
cuando llegaran los nuevos pobladores del alfoz placentino, o que formaran
parte de la tradición de riego de toda la zona, incluida las comarcas
castellanas próximas. Quiero recordar haber leído algún trabajo de la zona de
Cáceres de una familia musulmana que cambia de población en el siglo XIV o XV,
y cuando llegan a su nuevo domicilio han mudado los apellidos,
castellanizándose y tomando los más comunes: López, Rodríguez, González…
·
(70) “…se guarde y cumpla con esta agua del Pradejón como la de las
Siete Cuartas, porque así es uso y costumbre antigua de este lugar…”
·
(71) “…porque hay personas que tienen heredades en Corneja y en los
Tejares y en el Chorro y en Miguel Domingo (…) y toman el agua y se la dejan
endilgada…”
·
(117) “…que ninguna persona sea osada de tener ninguna poza en el
Rebollar desde la Garganta hasta el lugar (…) y las que están hechas se
deshagan y no enríen en ellas linos ni cáñamos ni otra cosa porque es mucho
perjuicio para el pueblo y vecinos de él…”
También aparecen usos de riego que de alguna manera han llegado hasta
nosotros. O casi. Hasta hace bien poco.
Por ejemplo, hasta los años 70 había años que se ponían dos regadores en
algunos caños de riego, especialmente en el de la garganta que pasaba y regaba
los huertos circundantes del pueblo.
·
(66) “…que los oficiales del concejo pongan cada año dos fieles
para que rijan el agua del lugar y la den por sus días desde que se siembren
los linos hasta que se cojan…”
·
(67) “…que ninguno pueda tomar el agua a otro si licencia del fiel (…) y
que cada un después que acabare de regar vuelva el agua a la madre…”
·
(68) “…que la personas que hubieren de regar (…) que hagan el caño bien
hecho por donde se suele hacer, y lleven el agua cogida por manera que no vaya
derramada por el camino…”
·
(69) En este capítulo se explica pormenorizadamente sobre quienes van a
sacar el caño, de su limpieza, cómo se ha de hacer para regar y a costa de
quien. Incluso cómo se ha de repartir el agua.
Lo normal hasta hace nada, incluso ahora, el que primero necesita regar
avisa a los otro que comparten caño y se ponen de acuerdo para hacer la
pesquera y limpiar el caño. Todos van con la tarea hasta que llegar al bocín
por donde entra el agua a su propiedad. Se retira y continúan los siguientes de
la misma manera hasta el final del caño.
Por último, hacer una referencia a la costumbre del toro de san Juan,
conservada en otras poblaciones actualmente. San Juan del Puerto, en Huelva,
aún lo mantiene. Pero más conocido y cercano a nosotros tenemos el toro de san
Juan de Coria. Fiesta de proyección nacional. Que no difería mucho del toro del
Cristo de Jerte hasta los años 50. Cambió el patrón de nuestro pueblo,
conservando la fiesta del toro.
·
(94) “…es uso y costumbre de este lugar de correr un toro en cada un año
en día de señor san Juan de junio…”.
Y hasta el reparto de la carne una vez sacrificado el toro entre los
vecinos y familias del pueblo… se mantuvo hasta la fecha referida en la
celebración del Cristo.

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