Análisis de las ordenanzas. Las medidas.

 Las medidas



Medir no es más que comparar algo cuantificable respecto a una unidad de la magnitud de lo que pretendemos medir.

Como magnitudes medibles y recogidas en las ordenanzas tenemos unidades de longitud, capacidad, masa y superficie. Las de tiempo no las voy a tratar porque, excepto por las referencias al calendario, no presentan dudas o son las mismas que las actuales.

El sistema de referencia de medidas en Jerte era el de Castilla. Tanto la longitud como la capacidad respetaban esas cantidades. Hay referencias al uso de las mismas en el marco del pote de Ávila para los líquidos, o del cazo de Ávila para los cereales.

La masa. Unidades de peso.

Habitualmente confundimos masa y peso. Y la verdad que para la época de 1564 no tenía importancia en el día a día. De hecho, se habla de medidas de peso. Era obligatorio por parte del concejo tenerlas y que fueran fieles a la medida que representaban. La pena por no tenerlas y falsarlas era elevada. Incluso existía la figura del fiel del peso que vigilaba por la equidad en lo que se vendía, controlando por ejemplo el peso de las hogazas de pan.

Las unidades comúnmente empleadas eran:

·        La arroba.  Aunque es una medida en desuso, hace unos años aún era usual en Jerte y zonas rurales. Equivalía actualmente a 11,5 kg. Se usaba para cantidades grandes o medias. Por ejemplo, en el acarreo de mercancías o la compraventa de lanas. Una expresión usual era una carga de un número de arrobas. Esta unidad se abreviaba @. Tenía otras subunidades: la libra y la onza.

La arroba podía ser además en Jerte una unidad de capacidad (volumen) que se verá después.

·        La libra. Una arroba equivalía a 25 libras. Esta unidad era mayormente empleada en productos de tamaño intermedio o pequeños, como los panes, las carnes, etc. Una libra a la medida usual de ahora vendría a ser como 0,46 kg. Casi medio kilo. Cuando en los testamentos se dan panes de una o dos libras serían hogazas de medio o de un kilo aproximadamente.

·        Cuando se mercaba al por menor, y se requería unidades menores que la libra, se usaba la onza. Bien por la cantidad pequeña, bien porque el producto lo requiriese. La libra equivalía a 16 onzas. Siguiendo este razonamiento una onza equivaldría a unos 28,75 gramos. Una cantidad muy pequeña.

Si nos fijamos en el esquema para pasar de una unidad a otra veremos las dificultades, más en una época en la que la mayoría de las personas desconocía las operaciones básicas.


Un ejemplo para entendernos. Un cesto de 7 arrobas serían 175 libras. Que expresadas en onzas serían 175 x 16 = 2750 onzas. Y no digo si tenemos que andar dividiendo entre 16 y posteriormente entre 25.

La Capacidad (volumen).

Se usaban tanto para los líquidos como para los granos, aunque con diferentes medidas.

Unidades para líquidos.

El líquido medible por antonomasia, y que recogen las ordenanzas, es el vino. Se usa igualmente para otro líquido fundamental, el aceite. Tanto para el uso cotidiano de las familias junto con la manteca (de ambos hay testimonios escritos) como del uso eclesiástico para la lámpara del Santísimo Sacramento. Las unidades utilizadas eran:

·        La cántara. Literal, un cántaro, como los que se usaban para traer el aceite del lagar (almazara) hace apenas unos años. La cántara se subdividía en 32 cuartillas, y siempre ajustada al pote de Ávila. Serían 16 litros.

·        La arroba. Se estima en 16 litros también y podrían alternarse en su uso.

·        La cuartilla. Como su nombre indica era la cuarta parte de una cántara. La mitad de la mitad, fácil de dividir.

·        La azumbre. Siguiendo en ese orden lógico, es la mitad de la cuartilla. La octava parte de la cántara. Se nombran estas medidas en las ordenanzas que hacen referencia a la taberna y la veta de vino.

Unidades para granos:

Los cereales se miden por su volumen, siempre con el grano limpio, seco y sin impurezas. En 1599 se lee respecto al trigo: “en buen pan limpio, seco y enjuto medido por medida derecha del cazo de Ávila“.

La unidad de medida fundamental es la fanega. Una fanega de grano era la capacidad aproximada para poder sembrar una fanega de terreno, es decir algo más de media hectárea de tierra. Por la capacidad o volumen podría equivaler a unos 55 litros de grano.

Unidades menores son la cuartilla. Cuando se refiere a medida de granos representa un cuarto de fanega.


(Fuente: Wikimedia Commons. Autor: Tamorlan)

 Y el celemín, que equivale a una doceava parte de una fanega. Un tercio de la cuartilla. Hasta épocas muy recientes se han conservado en algunas casas la medida (un cajoncillo de madera) de un celemín en un lado, y por el otro de medio celemín. Un celemín es aproximadamente la capacidad de 4,5 litros.

El cuartillo es la cuarta parte del celemín. Serían 1,15 litros de cereal.


Cuartillo de celemín por un lado…

 

Otras medidas inferiores que tenían en casa eran cajoncillos de medio celemín, cuartillo…


Y medio cuartillo de celemín, por el otro lado


 Vista lateral para mostrar uno y otro apartado. cuartillo y medio cuartillo.

También hay que tener en cuenta que el volumen generado en relación con su peso no era el mismo entre los distintos cereales. Mientras una fanega de trigo o centeno rondaban los 45 kilos. La cebada y la avena se quedaban en poco más de 30 kilos.

Medir longitudes.

Lo mismo que hoy disponemos de unidades para longitudes grandes, medias y cortas, entonces se usaban ciertas unidades dependiendo de la longitud a medir.

La unidad mayor, para distancias entre poblaciones de terreno se utilizaba la legua. Se siguió usando hasta entrado el siglo XX. Y aunque era una unidad que podía fluctuar se refería a una distancia aproximada de 6 kilómetros. Así, pues, entre Jerte y Tornavacas, o entre Jerte y Cabezuela habría como una legua de distancia. Tenemos que recordar que el camino Real iba más derecho que la actual carretera nacional.

La vara es una unidad muy nombrada y usada de continuo. Y aunque varía bastante de unas zonas a otras, aquí se tenía como referencia la vara castellana. Quiero recordar que, aunque sólo aparece una vez en las ordenanzas para establecer la altura de las paredes de las heredades, era de uso cotidiano en la adquisición de tejidos como se lee en multitud de documentos de entonces (testamentos, cuentas, inventarios…). La vara que se usaba en Jerte llegó a estar dibujada en la pared del ayuntamiento placentino para que todo el mundo conociera su media exacta. La castellana, mediría sobre 0,83 metros. Cuando en la ordenanza 127 habla de un cerramiento de vara y media de altura nos está diciendo que la pared tendría una altura aproximada de 1,25 metros.

El pie, otra unidad menor, equivaldría a un tercio de la vara. En el sistema actual decimal serían algo más 0,27 m, 4 pies harían un poco más de 1 metro.

Unidades de superficie.

Para superficies no muy grandes como puede ser una casa se usarían los lados, ancho y largo, en varas para determinar su superficie. Una especia de vara cuadrada, pero sin nombrarla ni referirse a ella. Sólo las dimensiones longitudinales de la vivienda. Así mismo ocurre con las datas que dio Plasencia, se expresan en varas el largo y el ancho.

Sin embargo, la única unidad de superficie que nombra es la huebra. Sería el terreno que una yunta de bueyes araba diariamente. Es evidente el uso generalizado de los bueyes para la labranza. Junto a las referencias en las ordenanzas; calleja de los Bueyes, vado del río para que pasen los bueyes, dehesa boyal, boyero de concejo… podemos aportar datos claros de este animal para su uso agrícola de tiro a lo largo de esas fechas. Tanto en inventarios de bienes, dotes de matrimonio, en el inicio de la ermita del Humilladero…

La huebra, usada hasta hace nada (se sigue utilizando), pero como la extensión que araba una bestia (caballar o mular), era una medida poco precisa. En Jerte tres huebras era aproximadamente una hectárea. En Cabezuela la misma hectárea correspondía a cuatro huebras.

Para ciertos cultivos o heredades que no se araban se usaban otras unidades. También muy subjetivas. La peonada. Era el caso de los prados, expresados en peonadas de siega. Y en las viñas, con las peonadas de cava.

 La dificultad para conocer la extensión real de las propiedades en la época de las ordenanzas estriba en que nunca se especifica. Sirve con deslindar con las propiedades que la rodean. Un caso especial es la relación que en 1618 se da a muchos jerteños por parte de Plasencia. En esta relación sí aparecen las medidas exactas de largo y ancho, en varas.

 

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