Análisis de las ordenanzas. El plano de Jerte en 1564.
El plano de Xerete en 1564
El trazado urbano de Jerte, como la mayoría de los pueblos atravesados desde muy antiguo por un camino o vía principal, es longitudinal construido sobre ese eje a un lado y a otro.
Podríamos establecer tres fases de desarrollo en la evolución que ha
experimentado la ocupación del casco urbano.
El primero quizás fuera el establecimiento de casas en
torno a la plazuela y la plaza, adosándose unas a otras y siguiendo el orden
del camino real. Comprendiendo que este camino era una vía muy antigua que
atravesaba el valle desde la zona de Plasencia con la meseta. Una cañada o vía
pecuaria. Quizás una calzada romana de segunda o tercera categoría. Lo que sí
parece claro es que se articulaba en torno a dos espacios públicos básicos, la
Plazuela y la plaza de la iglesia. El progresivo aumento de población haría que
las casas se fueran multiplicando, ocupando la calle Arriba y la calle Abajo, a
la vez que, en torno a la iglesia, se fueran ocupando los diferentes solares
convirtiéndose en casas. Y ahí se podría pensar en la situación típica que
describen las ordenanzas de 1564. A la misma vez irían apareciendo las casas
que dan lugar a las callejas que salían hacia el río siempre teniendo en cuenta
como las principales las de los Bueyes y la de la Hornacina, que ya existían
entonces. La primera en dirección al molino y al “Vao”. La segunda con
bifurcación al mismo molino y al puente.
Este trazado prácticamente se respeta hasta la irrupción de la carretera
nacional 110 a principios del siglo XX. Incluso después del incendio general
provocado por los franceses en 1809 se respetó con exactitud todas las calles y
solares como estaban marcados. Deberíamos pensar que el esfuerzo realizado en
la construcción jugó en contra de la posible expansión que podría haber tenido
el pueblo. No lo sabemos. Creo que se iría, poco a poco expandiendo alrededor
de lo construido, aumentando el número de casas y casillas en las callejas y
alargando la calle principal, tanto hacia arriba como hacia abajo.
Extensión del casco urbano de Jerte hacia 1564. Aún no existía la ermita
del Cristo, que formaba un descansadero de ganado. en amarillo las calles y
callejas de entonces. Podemos ver que desde la calle principal salían paralelos
al río, concentrándose en dos pasos: el “Vao” y el puente. las callejas que
salían de la plaza tenían estructura radial.
El segundo, el cambio radical que supuso la carretera nacional
al atravesar nuestro pueblo.
Al marcar la carretera casi paralela al camino real, desde el Cibanto hasta
el puente del Cristo en la garganta de los Papuos, permitió sacar del casco
urbano esta vía, cortando los huertos y caminos que, desde el pueblo, salían a
la solana. Todavía se puede apreciar la conexión de alguna casa (de los Martos,
con los soportales de la plaza), y sus huertas traseras cortadas por la
carretera, enfrente por debajo del mesón. Otro ejemplo, aunque ya no se aprecia
es la vivienda que está por cima del mesón que se correspondía con la casa de
mis padres (eran del mismo dueño). Es más, esta misma vivienda la recuerdo de
niño con el número en la calleja Diego López, la que sale de la iglesia hacia
las Trasiglesias, por donde teníamos la entrada. En el siguiente dibujo se
puede apreciar lo que comento.
Debió ser un cambio radical, pero paulatino. Más abajo, donde estaba la
cooperativa y es una edificación de pisos, estaban las cocheras de los
Virgilios, que formaron transportes Gil. Justo enfrente y coincidiendo con la fachada
aún siguen manteniendo sus casas los hijos y nietos de este transportista.
Al disponer de nuevos solares, huertas más amplias y con mejores accesos,
se construyeron edificios más grandes y modernos, adecuándose a la nueva época.
El ejemplo de las cocheras de Virgilio Gil que he citado es uno. Pero mas
arriba, donde se ubica hoy Liberbank, estaban las cocheras y almacén que hicieron
los “Grillos”. O las cocheras de Antonio Montero. Mucho más arriba, cerca del
puente se montó la fábrica de maderas de Santiago Buezas el “pollo”.
Algunas de las casas más grandes y con mayores espacios se construyeron
aquí, en el nuevo eje de comunicación: la casa de Julián Cepeda, o la que hoy
es el cuartel.
A la misma vez los negocios, primero los bares, también se fueron colocando
en la carretera. El bar de Pedro Montero empezó a competir con el de la
“Piriri” que estaba en la calle arriba donde antes se celebraba el baile.
Cuando se abrió el bar 23, abarcando bar-café, salón de baile y cine… fue el
indicador de que llegaban nuevos tiempos.
De la misma manera la carretera “cortó” las callejas y caminos que salían,
desde antiguo, hacia la solana: de la Oranilla, Gargantilla, Trasiglesias, los
Rebollares y el Chorro. Quizás fuera el momento en que se abriera el camino de
la tahona, conectando el acceso de esta con el Cristo.
También la carretera modificó el casco antiguo. Tres puntos fueron los que
se necesitaron ampliar para que los vehículos llegasen a la plaza y a la calle
principal.
Por el sur se ensanchó la entrada que en principio era estrecha, el camino
de la Oranilla. Al ampliarla, los camiones tuvieron acceso a casi toda la
población, y lógicamente se cambió el nombre. Todo el mundo la conoce por
Carretera Nueva.
El siguiente punto que se amplió fue por el acceso actual a la plaza. La
calle de la Gargantilla que iba a las Cuartillas se ensanchó para que pudieran
pasar vehículos mayores. Anteriormente las bestias se metían por los soportales
porque lo que quedaba fuera de ellos era como una calleja bastante estrecha.
Para comunicar la plaza y la plazuela se tuvo que ensanchar también la calle
que las comunica y que entonces era bastante más angosta.
Por último, y no menos importante, se adaptó el camino real que bajaba del
puente del Cristo al llano de la ermita, formando un acceso al complejo
industrioso que estaba en ese lugar: lagar de aceite y tenería de curtidos de
piel (de ahí viene el nombre de las Tenerías). Posteriormente transformada la
tenería en fábrica de envases de madera.
Es evidente que el cambio que supuso este nuevo trazado fue un revulsivo de
transformación y modernización del pueblo, afectando incluso a las escuelas que
se construyeron poco después. Además, por las mismas fechas, el centenario de
la quema de Jerte se aprovechó para actualizar el callejero jerteño. De esa
fecha serían los nombres de las vías principales nominando a los supuestos
“héroes” y autoridades de aquella época: Coronel Golfín, Diego González,
Francisco Carrión (calleja de los Bueyes), José Arias, Diego López…
El tercer cambio sustancial se llevó a cabo a partir de
los años 70, afectando en varios sentidos. Esta fase creo que es compleja y se
solapan varias cuestiones.
La acometida de agua potable en las viviendas y de los colectores de aguas
residuales, levantó todo el pavimento enrollado del pueblo. Y aunque en parte
se conservó, fue el inicio de la paulatina sustitución por las calles de
cemento. Antes de esto sólo había un trozo encementado en el centro de la
plaza. La calle que primero se echó de cemento fue la calle abajo en su tercio
inferior aproximadamente.
El aspecto de muchos edificios se remozó por completo. Varias fachadas de
adobe fueron revocadas de cemento, tapando el entramado de madera. Ya en los
años 50 se habían ido recibiendo de cal. Otras se fueron derribando y
levantando con estructuras modernas. Algunas de estas reformas resultaron a
veces agresivas con la tónica del entorno, sin control ni política urbanística.
Fue un momento crucial para el futuro desarrollo urbanístico del pueblo, que se
jugó mal, perdiendo unas posibilidades magníficas de haber encarado una
planificación adecuada y favorable para todos. Y esa responsabilidad les
corresponde a los representantes del ayuntamiento en ese momento, nos guste o
no. Pero también, y no en menor medida, a la cortedad de vista de los vecinos,
a nuestro aspecto insolidario, a la cicatería de unas parcelas diminutas que se
arrastraban desde la época anterior a las ordenanzas. Al ajustarse a la pared
que daba a las callejas se consiguió una parte nueva edificada, con
construcciones modernas, pero casi sin accesos… para una ambulancia en algunos
casos, o dificultando los que podrían seguir construyendo hacia atrás. Fue la
época de sacar los azulejos de cocinas y baños y colocarlos en fachadas que,
evidentemente, eran económicos y evitaban humedades, pero… resultaron una
aberración estética. Se dispuso de medios constructivos nuevos con inversiones
económicas y necesidades de adecuar las viviendas a nuevas épocas, con sus
servicios de aseo y agua corriente. Alcobas interiores demasiado lúgubres
frente a las nuevas habitaciones. La consecuencia inmediata fue el abandono
paulatino de algunas casas, o reformas básicas, y la construcción de nuevas
edificaciones en las zonas de expansión, especialmente en el eje de la
carretera. De la misma manera se fue trasladando los servicios a este vial:
cajas, bancos, bares, farmacia, comercios… es decir, la vida de los negocios.
En este momento se sigue con la misma tendencia, ocupando los espacios
entre casas con nuevas construcciones y trasladando los negocios que requieren
espacios mucho más amplios afuera de la población, pero con proximidad a la
carretera nacional, especialmente hacia Plasencia.
La adecuación de la Plaza de la iglesia, el plan de urbanismo con las
normas subsidiarias, una mayor concienciación sobre respetar el entorno urbano
del casco antiguo, y los cambios actuales en gustos y estética ha permitido que
se haya revertido en gran medida los desatinos de los 70.
Si hoy un jerteño de la época de las ordenanzas llegara al pueblo
reconocería casi con toda seguridad la parte antigua, la del trazado que él
vivió. Y eso a pesar del incendio y la reconstrucción posterior a 1809.
Extensión actual del casco afectado por el plan de urbanismo. En la siguiente comparación con el casco urbano de 1564.
En verde la comparación del casco urbano en 1564 y en amarillo parte del urbanizable actual.
Vamos a analizar algunas referencias a las calles y callejas del lugar en
el 1564.
La calle principal no tiene nombre [1], porque realmente
es la única calle del pueblo. Las demás son callejas o callejones. Y a pesar de
tener nombre asignado hace más de un siglo, hasta no hace demasiado se le decía
como entonces: calle Arriba y calle Abajo,
derivando desde la Plazuela.
|
[1] Cuando sólo hay una y es
suficiente importante nunca se le da nombre propio en las ordenanzas. Ejemplo
de ello no es solamente la Plaza o la Calle, sino el Río o la Garganta |
Lo mismo sucede con la Plaza. Sólo había una. Y se distinguía
sin duda de la Plazuela que era un pequeño ensanche en la calle mayor frente a
la Plaza. Otros espacios, que hoy tenemos por plazas, entonces no lo eran: la
de la Ermita del Cristo era un descansadero de ganado en
el Camino Real a Tornavacas, alejado del núcleo y ni siquiera
se había construido la ermita en esa fecha. Y la de las Eras también
estaba fuera del pueblo, en el Camino Real hacia Cabezuela. Era otro ensanche
que compartía la doble función de asiento de ganado trashumante y era pública para
trillar los cereales que sembraban los vecinos.
De las callejas que salen de la Plaza, la Corredera es la
única con nombre propio, y en parte hacía la función de callejón de servicio de
las tras casas y huertos de algunas viviendas de la calle Arriba. El resto son
salidas y cañadas para el ganado y para que los vecinos vayan a laborear sus
campos.
El resto de las escasas callejas se refieren a las que llevan al Puente o
al Vado (“Vao”). Se trata de las actuales del Río, Cilla,
Barrera, Hornacina y de los Bueyes.
De ellas esas dos últimas se nombran como tales y no se habrían modificado
(salvo alguna del Centenario de la quema de Jerte). La Barrera bien
podría tratarse de la calleja de las Galeotas. Si fuera por lógica
se podría asignar la calleja del Río a la “calleja de
Pedro Martín del Guijo” por ser el vecino con la casa al inicio de la
calleja citada. Y la de la Cilla debería corresponder con
la calleja de “Fernán Sánchez Jimeno, que está junto a la
huerta del ciego”.
Algo más extraño sería el callejón de las Brujas que iría
directamente a la Fuente Nueva, cortando la calleja de servicio que
va desde la calleja de los Bueyes hasta lo que hoy es el Túnel del Hada.
El resto son caminos. En el plano se pueden ver esas salidas y los terrenos
a donde van.
El camino de la Tahona lo he puesto en línea discontinua porque creo que en
esa época no existiría. Podría haber un camino mínimo secundario como mucho. Y
se debió hacer o ampliar cuando se trazó la carretera N-110 e instalar la
fábrica de maderas de Santiago Buezas, la tahona del pan de Cepeda y los
accesos al lagar de arriba.
Hay otra referencia a lo que hoy es la calleja del Agua, se
comprende que no habría edificaciones hacia atrás, y no sería una calleja como
tal, aunque sí un camino hacia el Chorro. Aquí se le nomina “hasta casa de
Juan de Aravalle, que entra el agua en la calle”. Era la divisoria del
arroyo que sólo vertía hacia la calle arriba hasta la entrada de la calleja del
Río cuando se regaban los huertos. Durante el resto del tiempo corría calle
abajo, hasta unirse con la Gargantilla. Pero sobre el riego dedicaremos otro
apartado.
Plano callejero de Jerte en 1564. también de las salidas o “cañadas” para
ir a las “heredades”. En la zona del río sólo había dos pasos junto al pueblo:
el puente, y el Vao, desde donde se ramificaba hacia toda la umbría. La misma
forma radicular se aprecia hacia la solana tomando como salida la Plaza.
En un nivel inferior había toda una maraña de accesos o “salidas” de
las casas y huertos. Si nos fijamos en la paralela a la calle mayor que recorre
las traseras de las casas nos hace pensar que desde el Túnel del Hada hasta la
calleja de los Bueyes permitía el acceso a las viviendas y cuadras o bodegas de
cada casa, sirviendo de nexo con los huertos. Entre la calleja de los Bueyes y
la de la Hornacina, algunas casas de la calle principal tenían salida a una de
las callejas, alargando su solar y doblando en forma de L. Bien con salida
directa, bien a través de una casilla e incluso con un huerto comunicando casa
y calleja.
Este mismo esquema se repite en el rincón de la calle Cilla y el breve paso
a la de la Barrera, únicamente cortado en la actualidad por una casa. El
siguiente bloque de casas entre la calle Cilla y la del Río tienen el mismo
esquema. La casa que está en Ramón Cepeda 32 tenía un huerto con portón que
salía a la calle Cilla. La casa de la misma calle, número 36, tenía una salida
mínima pero que se utilizaba, a la calle del Río. La número 46 mantiene la
misma distribución. En la acera contraria es equivalente. El número 47 (casa de
la Castaña con el dintel de piedra) y la siguiente 49 (de los Pollos) forman
una L que une calle principal con salida a la calleja del Agua. Y así una
cantidad importante de casas. La conclusión es sencilla. La disposición de la
mayoría de las casas al principio sería alargada, con frente a la calle mayor y
traseras con accesos a las callejas. Conforme aumentó la población y/o se
dividieron entre herederos algunas de estas viviendas se separaron
longitudinalmente, quedando con una fachada pequeña y muy alargadas, con varias
alcobas interiores.
De esa época es muy posible que permanecieran hasta el segundo tercio del
siglo pasado el arroyo y la calle enrollada, tan característica de los pueblos
ribereños, próximos al río. También los soportales de la calle, hoy
desparecidos. Uno en la plazuela, donde se ponían los edictos públicos, y otro
hacia el número 30 de la calle Arriba.
Una observación que se hace sobre la iglesia nos indica que la antigua
tendría un soportal en la puerta principal hacia la plaza. No existía el atrio
como tal que se hizo ya a finales del XVIII.
Por lo demás el aspecto de las casas quizás no fuera tan alto, con una
altura de planta baja y primer piso. Arriba en la parte central podría haber
algún desván o zarzo como sequero.
El plano urbano de Jerte hacia mediados del XVI nos habla de una población
pequeña, bien organizada y estructurada sobre una calle que es Camino Real, con
una plaza lateral donde destaca la iglesia (menor que la actual) y la torre. Y
saliendo de la calle mayor ramificaciones para acceder al río. Todos los
caminos importantes irradian o convergen en el pueblo, indicándonos esa idea
central de repoblación, cultivo y aprovechamientos en forma de círculos
concéntricos.
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