Análisis de las ordenanzas. El lenguaje.
Lenguaje
Algunos conceptos para comprender las ordenanzas de 1564 y su contexto.
1.
El lenguaje del documento.
El lenguaje utilizado en el documento difiere en varios aspectos del que
usamos actualmente. La grafía y el vocabulario, a veces dudoso, podéis
disfrutarlo en las páginas que he subido en esta entrada. Si fuera necesario
puedes consultar la tabla general de la transcripción de cada letra o abreviatura.
Para facilitar la lectura de las ordenanzas me he permitido hacer algún giro en
la transcripción, actualizando la forma y respetando en lo posible el contenido
y su sentido.
Una de las primeras observaciones que se puede apreciar son las formas repetitivas
que contienen muchos de los capítulos en los que están divididas las ordenanzas
y que pueden parecer excesivas. Entre ellas hay que destacar:
·
“Otrosí ordenamos y mandamos que…” Otrosí es una forma
muy usada en os documentos de los siglos XIV al XVI. Actualmente se diría como:
así mismo, igualmente, además, o también.
·
…que caigan en pena de …. maravedíes para el concejo”
·
“que fuere, hiciere, tomare, enviare…” Son formas
verbales del futuro de subjuntivo, muy frecuentes en documentos normativos de otros
tiempos y hoy en franco desuso. Únicamente se conserva, muy casualmente, en
algunos documentos oficiales judiciales y legislativos.
·
Enumeración exhaustiva y pormenorizada a los que se refiere la
ordenanza. “De ninguna res flaca, ni doliente, ni desrriscada, ni
parida, ni lisiada, ni mortecina, ni macho cojudo…”
Otros aspectos que resultan interesantes son:
La grafía.
En principio no presenta grandes dificultades. La mayoría de las letras se corresponden con las actuales, y el alfabeto apenas cambia. En la imagen siguiente te adjunto el abecedario actual con los caracteres correspondientes del documento. De esta manera podrías transcribir desde el original. Incluso los documentos en fechas siguientes que puedes ver en imágenes de documentos originales tienen una grafía similar. Es cuestión de ponerse y disfrutar como si resolvieras cualquier crucigrama o pasatiempo. Práctica.
La siguiente complicación nos viene cuando intentamos escribir, no tanto
leer, por algunas diferencias básicas entre “su” ortografía y la actual. Aquí
apunto algunas de las más interesantes teniendo muy en cuenta que la gramática
no estaba consolidada aún, y que las reglas sobre la lengua tardarían en
generalizarse.
·
Las palabras muchas veces aparecen fragmentadas y separadas sin un criterio
claro aparente. En otras ocasiones se unen sílabas de una palabra fragmentada o
no a otra palabra o sílaba. Por ejemplo: “ypores ta ca usa” = y por esta
causa.
·
La escritura parece automática, sin puntos ni comas. El párrafo es la única
unidad estructural clara y definida. En la mayoría de los casos coincide con
cada capítulo.
·
El uso de mayúsculas es completamente irregular. Los nombres propios raras
veces la llevan. Al inicio de párrafo en algunas ocasiones. Otras veces, en
enunciados, se usan letras tipo gótico y que se corresponden en gran medida con
nuestra letra de imprenta. En otras ocasiones se inician con mayúscula palabras
en medio de frases sin tener que llevarla. No aparecen mayúsculas en medio de
palabras.
·
Las formas con “h” unas veces aparecen con ella y otras sin ella. Incluso
la misma palabra o alguna de su familia. Por ejemplo, “ordenanzas”
aparece en alguna ocasión como “hordenanzas”.
·
No existe regla en el uso de “b” o “v”, y se escriben indistintamente.
Ejemplo “vendio” o “bendiere”. Otro tanto ocurre con la “i” o la
“y” con función de vocal: “ningún”, “nyngun”.
·
La regla de m antes de p a veces se cumple, otras se pone n antes de p.
Incluso con la misma palabra o término. “campana” y “canpana”.
·
No existe acentuación alguna, con lo que se hace más difícil reconocer la
sílaba tónica y su lectura. El ejemplo de arriba “vendio” se
transcribiría realmente como “vendió”.
·
Algunas veces ponen doble “s” o “f” con valor simple. Ejemplos “alonsso”,
“official”.
·
Las palabras que empiezan por “r” fuerte siempre se escriben con doble r: “rres”.
·
Encontramos antiguas formas de habla que hoy han evolucionado: “ansí”,
“carnincero”, tabarnero”
·
Formas de habla aún en vigor en algunas zonas geográficas limitadas en
retroceso y que apenas se utilizan en el habla popular: “compañón”, “heredades”,
“rocín”, “acontece”
·
Formas propias aún reconocidas y usadas en nuestra zona y relacionadas con
faenas agrícolas o ganaderas: “bocín”, “madre”, “hubon”, “atendalado”
·
Uso frecuente de abreviaturas usuales en la jerga del escribano o del
concejo. El cuadro siguiente resume algunas de ellas.
El vocabulario.
El vocabulario es esencialmente normativo, pero influido por modismos
coloquiales y cotidianos propios del lugar.
En cuanto es normativo, resulta repetitivo, siempre con la misma fórmula: “otrosí,
ordenamos y mandamos…” También en la forma de dirigirse a la ciudad de
Plasencia y sus representantes.
En ocasiones deja traslucir expresiones coloquiales, aunque correctas,
especialmente en las explicaciones o fundamentos que dan a algunas normas: “porque
acontece que…” dejándonos ver costumbres de entonces sobre aspectos tan
dispares como el uso de callejas, ganados, pasos, productos agrícolas, lugares…
Para mayor comprensión de algunos vocablos que resultan extraños los he
puesto en negrita para dedicar más tarde una entrada donde consultar esos
términos o expresiones, o bien se explican en conceptos de apartados que se
irán incorporando y que se corresponden con apartados del libro de las
ordenanzas publicado en 1998.
El soporte.
Sorprende el buen estado de conservación del documento original, tanto del papel como de la tinta, que han resistido el paso del tiempo, las humedades (varias páginas están manchadas) y otros deterioros mayores (hay fragmentos rotos). Pero en conjunto es una parte mínima la que cuesta transcribir que afecta a las ordenanzas 130 y 133, aunque permite captar el sentido de éstas.
Hay que decir que se trata de 54 hojas escritas por ambas caras.



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